lunes, 20 de julio de 2009

ETAPA ANAL

La etapa anal va de 2 a 3 años. La zona erógena es el ano y la uretra. El objeto catectizado son las heces y la finalidad: el control
Esta eta tien dos subetapas: la etapa expulsiva, donde el placer se consigue expulsando las heces. Esta etapa no es tan significativa como la segunda subetapa: la retentiva.
En la etapa anal retentiva el placer se consigue reteniendo las heces, ya que éstas estimulan las zonas erógenas dominantes en esta etapa.
Etapa anal.
Al llegar a los dos años el niño ya está maduro para controlar sus esfínteres, es hora de dejar los pañales. Este acontecimiento es esperado por la familia con mucho interés, por lo que significa en ahorro de trabajo y dinero y una ganancia en higiene y bienestar.
Esta etapa tiene gran trascendencia en la vida futura de los niños, aunque la mayor parte de las personas lo desconoce.
El niño ha descubierto que él produce cosas que son deseadas por los demás, pero siente que eso que él produce es suyo, le pertenece, lo quiere retener, porque además, le produce placer, por eso retiene, retiene..., hasta que llega a un punto en que se hace en la ropa, muchas veces después de haber estado varias veces sentado en la pelela para que hiciera allí. Este hecho generalmente, genera reacciones violentas de su madre o de quien esté a cargo de su cuidado, siendo descalificado con expresiones tales como: son un niño feo, sucio, malo, etc. Muchas veces acompañan estas palabras gestos de rechazo y hasta golpes. Todo esto hace que el niño asocie suciedad con descontrol, angustia, amenaza de pérdidas, por ejemplo, del amor de su madre.
Cuando el niño es obligado a estar largas horas sentado para que haga, muchas veces amenazado con que si no lo hace así se le castigará, asocia el acto de “dar” con sufrimiento. Las heces tienen un valor simbólico, designan lo que es propio, lo que me pertenece, que lo doy si quiero, si me obligan a darlo, siento que me son arrancadas contra mi voluntad, lo que genera rabia, rencor y el secreto deseo de venganza, el deseo de “cagar” a quien lo hace. En el futuro este sujeto no será generoso, será egoísta con lo suyo, será avaro y cada vez que tenga que dar algo que le pertenece sufrirá mucho (por ej dinero). No podrá sentir el placer de “dar” y seguramente pueda llegar a ser una persona “jodedora” en la que no se puede confiar demasiado.
Para que el niño pueda superar esta etapa y seguir de esta manera fortaleciendo su autoestima hay que cambiarle el placer que él siente en retener las heces por un placer más grande: el del aplauso, el reconocimiento, los regalos, de esta manera él sentirá el deseo de dar para recibir la recompensa y reconocimiento de los demás. Este niño está aprendiendo a ser generoso, a sentir más placer en dar que en retener.
Cuando no lo logra, hay que comprender y no hacer de esto algo dramático y desestabilizador, sino actuar con paciencia, consolándolo, incluso, porque no pudo llegar a tiempo, para que no se sienta fracasado y que con este hecho ha perdido nuestra estima.
Si no se supera esta etapa, el sujeto queda patinando en ella y frente a situaciones de angustia o para sentirse equilibrado, necesita mantener “controlado” el entorno: son los neuróticos obsesivos, que necesitan que todo esté en perfecto orden, siempre limpio y nunca es suficiente, limpian sobre lo limpio, desinfectan, sufren terriblemente si algo escapa a su control, incluso las personas, lo que hace muy difícil la convivencia. Estas personas generalmente generan la misma patología en sus hijos, ya que viven en casas donde no se nota que hay niños porque todo está impecable. Son personas que son esclavas de la suciedad, están siempre pendientes de la mugre y viven para limpiarla. Cuando sufren situaciones de angustia por algún suceso de su vida sienten con más desesperación el deseo de control. Una señora a quien le habían anunciado que su hija iba a ser operada de una grave enfermedad, cuando llegó a su casa, que estaba impecable, como siempre, se puso a hacer una limpieza general, como si de esta manera “ordenando” el exterior “controlando” el exterior pudiera controlar y manejar su angustia.
Un paciente, cuando concurría a terapia necesitaba ordenar el escritorio de su psicóloga para comenzar la terapia, ordenar los libros de mayor a menor y no dejar ningún papel que sobresaliera.

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